lunes, febrero 22, 2010

Matadme. Rápido

- ¿Qué quieres de postre?
- Nada, "mi teniente".
- Tienes naranjas…
- No quiero nada, gracias.
- Y mandarinas…
- …
- Y también hay kiwis y botes de piña de los que te dieron en la cesta del algodonal, de hace 5 o 6 años, que igual te lo tendrías que comer, que no me los he comido yo porque son de tu cesta…
- [Amos, no jodas] …
- También puedes comerte un poco de pan con mantequilla y azucar o si quieres puedes comer melocotón en almibar…
- NO-QUIERO-POSTRE
- También puedes bajar al chino y comprar flanes… y esta tarde si te aburres, puedes hacer rosquillas o un pastel de esos de bizcocho y frutas...
- ¡¡¡¡…..!!!!
- ¿Y qué vamos a cenar? Hay en el congelador un conejo, pero lo tienes que despellejar… también podemos cenar un pollo con patatas fritas… y luego de postre, puedes comerte una naranja…

Que alguien me dispare, por favor.

sábado, febrero 20, 2010

La Reina Madre

Desde hace ya un par de años, mi madre está conectada con los servicios sociales del Ayuntamiento para evitar ese sueño recurrente en el que se cae al suelo, se rompe algún hueso y tiene que permanecer agonizando en el suelo mientras se le pegan las lentejas, que es el verdadero drama.

Así pues, tiene en casa un interfono conectado directamente con los Servicios Sociales, donde, si pulsas un botón, das la señal de alarma de que algo sucede. Cuando pulsas el botón, del interfono sale la voz de un mancebo.

- ¡¡Señora Tirita!! ¿está usté bien?

- Sí, que mi nieta ha pulsado el botón... como es rojo... ¿no lo tenéis de otro color, jomío?

Desde que ha vuelto a casa de la operación, le hemos colgado el pulsador del cuello con un cordoncito y va ella muy ufana por la casa con su andador y el cacharro que parece el mando del garaje, colgado de su testuz.

Llega la hora de dormir.

Observo cómo se acuesta, porque ya he dejado claro que estoy para ayudar y no como esclava negra de una señora sureña, así que NO porteo teléfonos, NO alcanzo mandos y NO leo en voz alta los nuevos testamentos.

Ignoro deliberadamente los golpecitos que da en la mesa con el móvil para llamar la atención y para que sepa que quiere algo.

También ha sacado la hermosa costumbre de hablar de mí a las visitas como si yo no estuviera y además me llama "la chica", así que yo le llamo "Su Majestad La Reina Madre", "Señora" o "Mi teniente" sabiendo que esto último le revienta.

Se mete en la cama, se pone los cascos con la radio y nos vamos a dormir.
Son las 05:07 y me despierto con voces como del más allá.
"¿Señora Tirita? ¿Está usté bien?"

No puede ser...
Me levanto y antes de contestar me acerco a la habitación de la Reina Madre temiendo que se haya derramado de la cama y esté agonizante mientras en otro punto del universo, se pegan unas lentejas.

Y no, ella está amarrada al pulsador del botón rojo, como si le fuese la vida mientras sueña lo que supongo será alguna guerra mundial.

Vuelvo al interfono:

"Disculpe, soy la hija... que está todo bien..."
"Perdone, puedo hablar con Señora Tirita? Es que... ¿cómo puedo yo saber que es usted su hija?

Hombre, podemos hacer la prueba de ADN, pero no sé como anda usted de tiempo...

"Mi madre está durmiendo abrazada a los servicios sociales y no pienso interrumpir sus sueños, porque la última vez casi me cuesta un brazo. Así que usted verá si quieren venir. Buenas noches".

Se oyen murmullos y un lejano "Nas noches".

Vuelvo otra vez a la cama a quitarle a Mamá Tirita el pulsador y dejarlo en su mesilla.

En estas estoy cuando se depierta sobresaltada y malhumorada para decirme "No apagues la tele, que la estoy viendo".

Muy bien.

Espero que la recuperación sea rápida por mi estabilidad mental y su seguridad física.

 
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