martes, abril 28, 2009

El retonno


Esta mañana, mientras Galleta corría por casa arrastrando la alfombra y todo lo que había sobre ella, yo recogía, desayunaba y acababa de vestirme. Todo a la vez, como hacen las madres.

Mientras me pongo los calcetines, Galleta me trae el mando de la tele para que se lo lance, que le gusta mucho más el ruido que hace al caer que el de las pelotas de tenis.

Galleta, no.

Suelta el mando y me arranca el calcetín.
Le quito el calcetín y me quita el zapato.

Qué gratificante es tener perrito.

Me paseo por la casa con los dos móviles en una mano y la taza del té en la otra buscando mi bolso, últimos pasos rutinarios antes de salir de casa: finiquitar mi desayuno y guardar los móviles. El bolso no aparece en los sitios normales así que supongo que está donde suele estar todo en mi casa:

A) La nevera.
B) La cama de Galleta.

¿Dónde carajo estará mi bolso? siempre lo pierdo... y no te olvides, Tiri, de llevarte las gafas de ver que al final te vas a quedar como un topo... y esto pringoso que hay en el suelo ¿qué demonios será? A ver... ¡Ah! ¡Mira! ya sabemos dónde esta el plátano que me iba a llevar a la oficina... céntrate: el bolso.

Inmersa en estos pensamientos estaba yo cuando por fin avisto el bolso en la tercera balda de la estantería, lejos de cualquier perro de 15 kilos y de la altura de una cabra.

¡Corre Tiri, que no llegas! Ya está, los móviles al bolso y ahora el último sorbo de té.

Cuando he ido a apurar la taza, me he dado cuenta de que me estaba llevando a la boca los móviles ¿y mi té?

Pues sí. Dentro de mi bolso, descansa la taza en posición horizontal mientra el té con leche está ahogando a mi gafas, a mi monedero, a las llaves del coche...

 
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