martes, julio 31, 2007

Una docena y bajando

"¡¡¡Sí!!! Aquí estoy con tu hermana (esa soy yo) ... sí... igual, como una maraca, contándome lo de sus vacaciones... sí, se va por ahí lejos... ahí, al "lao" del Yemen..."

¿¿!!??

Tras una sesión de atlas, ha llegado a la conclusión de que Islandia está justo al lado de las Canarias, porque también aparecía en un recuadrito en una esquina de la página.

Finalmente, tras varias vueltas por internet se ha dado cuenta de que voy a pasar quince días justo en la línea azul discontinua que marca el límite del círculo polar.

La respuesta ha sido "Tu no podías ir a Ibiza a drogarte como todo el mundo... no".

lunes, julio 23, 2007

El parásito.

Definitivamente tengo el instinto maternal de una viga de hormigón.

Éste fin de semana he tenido en mi casa un retoño saharaui de once años.
No es que la niña se haya portado mal, que no lo ha hecho, pero he tenido que CONVIVIR con otro ser humano.

Normalmente yo como cuando tengo hambre y cocino cuando me apetece. Alimentar a un niño a base de pepinillos y pistachos es imposible. Requieren alimentos elaborados y además hay que adivinar el punto de sal de las comidas a través de su pupila. Un infierno, vaya.

Pegarse por el mando de la tele o por los mandos de la Wii puede resultar muy frustrante, así pues, lo mejor es claudicar y mascar una venganza terrible, por ejemplo, esconder las fichas del parchís o ante la frase "me aburro" repetida unas 150 veces por minuto, ofrecer como método de entretenimiento el "Ulises" de Joyce (en castellano, por supuesto).

Cuando convives con un niño, te levantas de la cama cuando temes que las puertas de los armarios de desprendan de las bisagras. Yo pensaba que esto era una técnica de madres, pero a lo mejor no.

Me consideraba una persona maniática, hasta que he visto como la nena no se comía un bocadillo de pavo con quesitos porque solo había quesitos en una tapa del pan. Muy bien, pues para merendar, gotelé.

Y he conseguido dar alguna utilidad a mi lado femenino "yalosabíayo" o "telodije" cuando la niña se ha dejado los dientes en el portal por su empeño de ir a la piscina con las "zapatillas de ruedas" (acá patines).

He sentido la progresión del viernes "vamos-a-jugar-a-los-papas" al domingo "are-you-talking-to-me".

miércoles, julio 18, 2007

Su-posición

- ¿Mamá? ¿Blabla?
- Pos'aquí. Rucurucu, rucu rucu rucu...

(tres minutos después)

- Rucu-rucu, ru... ¿Qué suena?

(Dos morsas copulan dentro de la tele)

- Nada mamá, la tele...
- YA... tienes un hombre en casa, no me mientas...
- No, mamá, tengo la filarmónica de Berlín y dos equipos de fútbol en el salón.
- Tú rite. Seguro que ya has metido un hombre en tu casa que ni te está pagando la comida, ni la hipoteca, ni nada... y con el ojo que tienes, será un vago y un traficante de drogas y rucu-rucu...

(Las morsas dejan de copular y me miran moviendo los bigotes)

- Mamá, bla...
- YA... y seguro que te despluma, se aprovecha de ti y un día rucu-rucu, rucu ru rucu embarazo, rucu abandono y es que pareces tonta, hay que joderse, rucu-rucu rururucu inocente rucururcucucu cubo!! ¡¡Cojones!!
- Mamá: te dejo que tengo un pollo en el horno.
- ¿¿Ves?? ¡¡Cocinas!! ¡¡Hay un hombre!!
- Adios mamá.

Ya no hay morsas en la tele. Ahora copulan dos silenciosos insectos. Si hubiese llamado a mi madre en ese preciso momento hubiese argumentado que tenía un affaire con un traficante sordomudo.

lunes, julio 09, 2007

Pese a ser un melanoma en potencia, he decidido aprovechar la piscina por las tardes, así que, según llego a casa, me bajo a la piscina libro en mano y iPod en oreja.

Esta dichosa moda del bikini y del trikini me ha obligado a meterme en la piscina cual abuela de 725 años: te acercas al bordillo, metes un pie y cuando te aclimatas, te lanzas cual grácil elefante marino al fondo del "gresite".

Éstas prendas son muy adecuadas para tomar el sol y acabar cual loncha de "beicon", pero la realidad es que para hacer el cafre acuático, o te calzas un bañador de esos que venden en series limitadas o te pones un bikini-faja de los que no te dejan respirar.

Aprovechando que esta tarde estaba sola en la piscina con la socorrista, he decidido tirarme de cabeza y mi bikini ha decidido hacer lo esperado y ha acabado en los tobillos.

Y con la habilidad que me caracteriza, cambio de tercio.

Me estoy leyendo "El Quinto en Discordia", de Robertson Davies, que es un señor canadiense con una barba en la que se puede esconder un saxofón. En 1970 publicó "El Quinto en Discordia", primer libro sobre la Trilogía de Deptford, que es el pueblo que hace de hilo conductor en la novela.

Me han hecho gracia dos cosas del fragmento que he leído hoy:

1.- La teoría de que los peluqueros mueren jóvenes por estar toda la vida aspirando pelillos que se acumulan en el organismo del profesional, formando una especie de gran pelusa de ADN ajeno que entra en conflicto con sus órganos vitales.

2.- La frase "yo era un amante hablador, algo que odia la mayoría de las mujeres".

A mi nunca me ha importado que me hablen durante en entreacto, el nudo y el desenlace de mis retoces amorosos, de hecho me hace gracia, aunque me incomoda que me susurren porque no hay nada menos erótico que La Mujer Tirita increpando "¿EIN? ¿EIN?" todo el rato y porque creo escuchar cosas como "mata a ese pollo" o "deja que te haga coliflor".

¿La mayoría de las mujeres aún odia que les hablen durante las polvorientas actividades de cama?

Igual es cosa de las mujeres canadienses... o de los años 70 o de los señores con barbas que parecen caniches.

miércoles, julio 04, 2007

¡Arréglate ya!

Me han enlazado desde el blog "¡Arréglate ya!: Todo lo que siempre quisiste saber sobre belleza y nunca te atreviste a preguntar", cosa que, como cualquier enlace, es un halago a la vez que un imperativo. Y ya aprovecho y pregunto: Si la belleza está en el interior ¿por qué tengo que depilarme el bigote y no el hígado?

Hace meses, falló una resistencia de mi nevera y cuando vino el señor técnico me pidió un secador. Por un momento pensé que la garantía del cacharro incluía un servicio de peluquería a domicilio, pero luego supuse que sería para eliminar la humedad de algún componente importante del aparato o para recomponerse el flequillo y no dar miedo.

Es raro que un técnico de neveras te pida un secador. Aun más raro le pareció al técnico de neveras que yo no tuviese secador. A cambio le ofrecí un abanico o mis poderosos pulmones.

Varios días después decidí comprar un secador por si tenía que colgar algún cuadro y una crema antiarrugas para la lavadora.

En este blog me han colocado justo debajo de “Sexo en Chamberí” y encima de “Belleza pura”, como no podía ser de otro modo (jijiji)... muchas gracias.

Buenos días.

domingo, julio 01, 2007

Bichos y demás parientes

- Un sólo con hielo.
- Otro.
- Un cortado.
- Un descongelado de máquina con hielo.
- ...

 
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