viernes, marzo 30, 2007

EL Meme

La semana pasada Deyector me pasó un meme. La extraña costumbre de los humanos de trabajar me ha impedido hacerlo antes.

El hecho de no tener línea en casa y de no disponer de pantalla de ordenador, no ayuda, también es verdad. Aún así todos los días escribo algo en un papel durante el trayecto de "chorrocientas" estaciones de metro hasta el trabajo, pero lo escrito nunca llega a materializarse en el universo digital. Eso sí, he mejorado mucho mi caligrafía.

Aprovecho este momento de gloriosa libertad para decir que estoy muy feliz en MI casa, que me he comprado unos patines, que mi sobrina tiene la mirada de El Padrino y que Mamá-Tirita es capaz de abrir la puerta blindada de mi hogar con una tarjeta de crédito.

Añado que sigo sin fumar, que aún tengo trabajo y que sospecho que sufro narcolepsia.

Escrito esto, paso al meme, que dice así:

Cuatro películas que puedo ver una y otra vez:
- "Arsénico por compasión".
- "Un cadáver a los postres".
- "Goodbye Lenin".
- Y "Jackie Brown", con la que siempre me duermo en el minuto dos.

Cuatro lugares donde he vivido:
- En Babia (vivo aún)
- En ca'Mamá-Tirita.
- En MI casa.
- En la oficina.

Cuatro programas de TV que me gusta ver:
Me guste o no, es lo que hay: House, Anatomía de Grey, Miradas 2 cuando me acuerdo y Camera Café cuando no veo Miradas 2 y ahora Padre de Familia cuando no veo alguna de las otras opciones.

Cuatro lugares donde he estado de vacaciones:
- Mi casa todos los días cuando llego y suelto el bolso.
- Babia.
- El último año en la oficina.
- Un año pasé mis vacaciones en Torrelaguna y fue divertidísimo: nos metían a 36 niños en un Jeep y nos llevaban a bañar al río. Posteriormente alguien ganó "Qué apostamos" con la misma actividad: enlatar niños.

Cuatro de mis platos favoritos:
- Los de porcelana.
- Los de plástico.
- Los de loza.
- Y los que contienen cosas que se comen.

Cuatro sitios que visito a diario:
Pues lo normal... la nevera, el armario de las galletas, la máquina de cacahuetes de la oficina y el comedor de la empresa.

Cuatro lugares donde preferiría estar ahora:
Supongo que me gustaría estar donde están mi gafas porque veo sólo regular...
En cualquier sitio menos en el que estoy. Casi siempre prefiero estar en otro sitio. Necesito los viajes extra-corpóreos.

Cuatro personas que me gustaría que hicieran esto:
Me niego. Dudo mucho que a nadie le aporte algo saber que me encantan las coles, la lechuga y los kiwis, así que cada uno haga lo que le parezca.


mp3Modest Mouse - Dashboard"

martes, marzo 20, 2007

Usabilidad textil.

Desde la incorporación de la rubia-estupenda a las filas del Batallón Uno de Documentalistas para luchar contra el Escuadrón Blindado (marketing), me acontece que estoy learning so much de usabilidad.

Así se expresa mi rubia. Aunque de vez en cuando me increpa "pásame la puta sal" mientras comemos, o "como me gusta tu puto color de pelo", lo que hace que me inunde el pánico ante tamaña violencia verbal.

El caso es que me han enseñado a repetir cual lorito la locución "el rojo y el verde, muerden" que quiere decir que no se te ocurra never never combinar una falda roja con un jersey verde, porque a las personas sensibles les pueden sangrar los ojos.

Esto es lo que yo llamo "primer nivel de usabilidad textil".

Según la ISO/IEC 9126 "La usabilidad se refiere a la capacidad (...) de ser comprendido, aprendido, usado y ser atractivo para el usuario, en condiciones específicas de uso", entendiendo como usuarios a esos señores que te observan en el atasco, tus compañeros de trabajo a los que no soportas, las chicas del comedor a las que tratas con desprecio o tu jefe que solo te ve como una máquina de teclear, porque yo puedo ser daltónica y/o feliz con mi jersey verde y mi falda roja y verme divina, pero no cumpliré la norma ISO 9126, lo cual me puede limitar enormemente a la hora de ejecutar tareas de suma importancia como por ejemplo jugar al parchís con un daltónico o ejercer de Colombo.

Para alcanzar la excelencia en la usabilidad textil, tienes que observar unas normas mínimas de estilo y exteriorizar continuamente tu opinión y/o evaluar a tus congéneres y decir cosas como "Buenos días: el rojo y el marrón no pegan nothing de nothing" para, acto seguido, darte la vuelta y marcharte atusándote el pelo.

Yo, que me paso el día en la cueva o reuniéndome con "clientes" internos (mi jefe), me conformo con no venir en pelotas o no parecer una ensaladilla rusa con más de cinco colores. Y por supuesto me toca las pelotas (sic) cómo vengan los demás a trabajar, mientras no huelan mal o su indumentaria no interfiera en su educación o en sus modales.

Así que me crispa los nervios cuando con su sonrisa Margaret Astor y su prendedor de pelo de Ungaro me dice cosas como "¡I can believe it! ¡Yo tengo una puta camisa como esa que llevas, darling!. Será del Zara, I suppose, aunque últimamente no distingo entre churras y MENINAS".

martes, marzo 06, 2007

Meñiques.

(…) o las señoras de la 5ª Avenida, quienes se mutilan los meñiques de los pies para poder llevar los afiladísimos zapatos de punta de Manolo Blahnik [después meten los dedos resultantes de la mutilación en formol o similar para tenerlos en casa y enseñar a todo aquel al que se le quiera dejar claro el estatus económico y social].

Nocilla Dream. Agustín Fernández Mallo. Editorial Candaya, 2007. 218 páginas.


Con esto supongo que estas señoras descartan las sandalias.

Ayer, mientras devoraba este libro, pensaba en qué podría hacer un hombre que fuese equiparable a esto y llegué a la conclusión que si una mujer hace cosas así, se la tilda de coqueta, de superflua, de rubia-sin-neuronas, mientras que si lo hace un hombre se le llama enfermo o perturbado (o incluso "sensible"), lo que me lleva a pensar que en asuntos de "estética" la estupidez parece ser patrimonio exclusivo de las féminas.

Reclamo el derecho a ser una perturbada sin que tenga que morir nadie.

lunes, marzo 05, 2007

Metro de Madrid... vuela.

Mi peor pesadilla no es verme en pelotas en medio de la Plaza de Callao donde pasaría más o menos desapercibida.

Soy una persona insegura y tímida hasta rozar lo patológico, pero me considero consecuente y si soy torpe, he de asumirlo. Hoy me ha costado hacerlo.

Mi peor pesadilla se ha materializado esta mañana.

Mientras caminaba rápido al metro para coger el primer vagón del convoy de las 07:03 minutos en Congosto, iba rebuscando en mi bolso el abono transporte e intentando no ahorcarme con el cable de la iPod.
En estas estaba yo, tan ufana, que se me ha olvidado repasar el complejo mecanismo de andar, de modo que mis pies han tropezado consigo mismos en las escaleras del metro y tambaleante como un edificio en plena demolición, me he acercado más al nivel del mar y a los millones de chicles que alfombran las terroríficas escaleras del Metro de Madrid.

Esto no es mi peor pesadilla.

Tampoco ha sido mi peor pesadilla cuando he llegado a la oficina y me han tenido que bajar del autobús de la empresa prácticamente en parihuelas mientras alguien, en un alarde de compañerismo extremo (e innecesario), ha ido a buscar una silla de ruedas al Servicio Médico.

Ni tampoco se podría considerar mi peor pesadilla cuando estando en el Servicio Médico de la empresa, con la pierna al aire, han venido varios compañeros a sujetar mi pantorrilla mientras el vendaje ocultaba las oscuras pelambreras que mañana iban a ser arrancadas por una profesional de la depilación.

En ese momento, mientras tres personas miraban con estupor esa pierna de hombre pegada a un torso de mujer, yo pensaba en lo que siempre me decía Mamá-Tirita al salir de casa "¿Te has lavado bien? Mira que si tienes un accidente... a ver qué van a pensar..." y yo entonces me imaginaba en un accidente mortal, viendo pasar mi vida en medio de los estertores de la muerte, pero con las bragas de encaje y oliendo a jazmín. Y ahora entiendo lo que me quería decir.

Mi peor pesadilla en realidad es todo esto, unido a que en dos días, debería de estar paseando por Berlín y en vez de eso estaré reptando por Berlín, con el tobillo como un melón.

 
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