viernes, febrero 23, 2007

El éxito establece la ley

El arte es un mullido lecho para los que nos sentimos vagos de profesión. Cuando uno comprende esa verdad, se proclama a sí mismo solemnemente artista, escritor o pintor, músico o poeta.

Luego, los demás, empezando por la familia y por los amigos, no aceptan casi nunca esta solemne proclamación individual que les parece un subterfugio, un buen pretexto para no trabajar.

Pasado el tiempo, si el vago por casualidad resulta un artista estimable, la vagancia no se toma en cuenta, es, en algunos casos, una belleza más, un gracioso lunar; en cambio, si el supuesto artista no produce nada que valga la pena, entonces su vagancia se pone al descubierto y se convierte ante los ojos de sus conocidos en algo criminal, desagradable y repelente.



Todos llevarmos un artista en nuestras entrañas.

Si hubiese leído este libro en mi juventud más primaveral hubiera podido rebatir a Mamá-Tirita cuando me decía "Eres una vaga", "No, madre, soy una artista" y Mamá-Tirita habría pensado que estoy aún más loca, pero me hubiese dejado tranquila.

Buen fin de semana.

martes, febrero 20, 2007

La buena esperanza.

Ayer fue mi primer día sin fumar y contra todo pronóstico sigo siendo una persona (y además encantadora, he de decir).

Todo juega a mi favor: los trayectos hasta el trabajo transcurren bajo tierra, vivo en un barrio en el que no hay bar ni lupanar en un kilómetro a la redonda, no tengo apenas vecinos a los que suplicar, ni ser vivo que me entienda, así que hago el trayecto a casa inmersa en la lectura, entro corriendo, suelto todos los bártulos en medio del pasillo, me pongo el pijama y ya me siento segura, libre de tentaciones.

Ratito de lectura y a eso de las 19:35 llega el momento crítico y me pongo a limpiar los azulejos de la cocina con las uñas. Al cuarto de hora estoy pintando las juntas de los azulejos con un bolígrafo de Tipex. Me siento imbécil, pero sigo sin fumar y sin morder tobillos y sin echar de menos a mi madre.

A las 20:15 decido bajar la basura. En vez de utilizar el ascensor, como me sentía fuerte y afortunada, decidí bajar por las escaleras y al subir, decidí lo mismo.
En el tercero, mi lengua había resbalado ya hasta el primero. En el cuarto, toda la sangre se agolpaba en mis sienes mientras mis piernas ya no me respondían.
A la altura del quinto veía mi propio cuerpo inerte en el descansillo. Como experiencia extra-sensorial no está mal y como cadáver, soy muy resultona.

Cuando llegué a la puerta de mi casa, tenía los pulmones como dos almendras garrapiñadas y no tenía ganas de fumar, pero de respirar tampoco.

Tras una hora de reposo apoyada en la puerta de la calle, ducha, cenita ligera y a la cama, que mientras se duerme no se fuma.
Y hasta hoy. Hoy tampoco tengo la necesidad de morder tobillos, ni de fumar, lo que me resulta difícil es cambiar de costumbres.

Y cambiando de tercio, el domingo fui tía de 3,2 kilogramos de rosada carne. De nombre Sara y de padres primerizos. Es muy morena y toda llena de pelo, así que ya es oficialmente “El Kiwi”.

Mamá-Tirita se pasa el día babeando y contando que la noticia le había pillado en el trayecto de Salamanca a Madrid, a la altura de Benicássim, lo que crea bastante confusión en la audiencia y la noticia del nacimiento su nieta pasa a un inevitable segundo plano.


mp3Feist - "My Moon My Man"

jueves, febrero 15, 2007

Un día de trabajo.

No hay nada peor para la salud mental que una mente ociosa. Supongo que Aristóteles sí sabía emplear su tiempo. Yo no soy Aristóteles y ante la imposibilidad de filosofar o de hilar algún pensamiento inteligente, me paso horas mirando a la pantalla y dejando que la babilla caiga por la comisura de mi labios.

Ya ni me molesto en disimular moviendo el ratón. Me limito a esperar a que me reestructuren.

Y te aburres y te quitas las pelotillas del jersey. Luego te aburres y lees el periódico y eso aún te aburre más. Te aburres de aburrirte e incluso a veces te aburres de respirar.

Llega un momento que te vuelves tan perezosa que vas al fax empujando la silla de oficina. Luego ladras y lanzas cosas a tus compañeras. Aquello se va de madre y lo que ha comenzado como un chascarrillo acaba con el suelo lleno de material de oficina.

Los becarios no dan crédito y parecen adultos ¡Angelitos!

Alguien dice "necesitamos una piscina de bolas" y a los cinco minutos tenemos una papelera llena de juguetes antiestrés. Una de mis compañeras intenta meter un pie que se atasca y como le hace mucha gracia el sonido "ras-ras" de la papelera con la moqueta se pasea por toda la oficina orgullosa de parecer idiota.

Alguien comienza a tararear una canción. Ipso facto cinco personas hacen los coros moviendo las caderas. Justo suena el teléfono y es un cliente. Mientras la única persona que tiene la suerte de tener algo que hacer intenta atender al cliente con toda la cordialidad del mundo, un dedo intenta abrirse camino por su oreja izquierda hasta el tímpano. Finge un ataque de tos y cuelga.

Guerra de grapas.

El aburrimiento ha llegado a tal punto que hoy, que hemos llamado al 11888 y hemos pedido una cita con "Pelocho".

Miedo me da el día que tenga que volver a desarrollar alguna actividad intelectual.

martes, febrero 13, 2007

Todo es mentira.

Ayer, ante mi alto grado de felicidad, decidí infligirme algún daño que me hiciese volver a la realidad.

Y caí en la Laguna Estigia madrileña: mi barrio. Un enorme descampado poblado únicamente por malévolas grúas que me miran con sus ojos de huevo y levantan sus poderosos brazos de metal como si me dijesen "veeeeeeeen, veeeeeeeen".

Para auto-mutilarme utilicé la revista Mujer Hoy, que por más que sé que es dolorosa, no puedo dejar de leerla para comprobar de qué se alimenta el cerebro de mis compañeras de oficina.

De cosas como esta (OTRA VEZ):

"¿Los hombres son infieles por naturaleza?"

El 30% de los varones y el 10% de las mujeres confiesan haber caído alguna vez en la tentación. Ellos quieren sexo y sentirse conquistadores y ellas quieren, básicamente, alguien que las escuche.

Pues que se compren un perro (los dos).

Evidentemente el ser humano es infiel por naturaleza. Es por cuestiones culturales por lo que no somos infieles. Por eso y por la pasta que te dejas en el divorcio, por lo mal visto que está y por el estrés que produce.

Después de leer esto ya puedo decir con pleno convencimiento que a las mujeres nos gusta sufrir. Mientras los hombres leen revistas para entretenerse, las mujeres leen revistas para psicoanalizarse y para sembrar las semillas de la duda.

Las revistas de mujeres me resultan muy inquietantes.

Mis compañeras leerán este interesantísimo estudio elaborado por Nordic Mist (¿¿??) y pensarán que su churri lleva el dorsal 12 de esos 30 hombres de cada 100 que se va de picos pardos.

Pero ¿qué más da si es por naturaleza o por cuestiones personales? ¿Por qué tanto miedo a la infidelidad? A mi probablemente me hayan sido infieles la inmensa mayoría de mis amantes (o no), pero ¿que más da? mientras mis necesidades hayan estado "cubiertas"...
¿Por qué damos tanta importancia a que un churri nos sustituya por una rubia de pechos turgentes? ¿Y si nos sustituyera por el punto de cruz?

A mi me jodería mucho más (mucho) que me sustituyeran por el punto de cruz.

Y no quiero pensar en cómo se ha realizado la encuesta ni cual ha sido la muestra porque ya he sufrido suficiente.

Cierro la revista, me enfado y decido que soy una escéptica absoluta de la vida en pareja, del amor, de las encuestas, de las revistas, el género femenino, el género masculino, el neutro e incluso en los pavos. Todo es mentira.

miércoles, febrero 07, 2007

Coordenadas.

Hoy he empaquetado a Mamá-Tirita en un autobús en dirección a un balneario. Tiene gracia porque ella tiene pesadillas en las que se ahoga a dos metros de la playa en la Manga del Mar Menor, en la que, como todo el mundo sabe, hacen pie hasta los peces. Odia el agua, incluso para beberla, que dice que "está mu mala" y la mezcla con granadina "pa matar el sabor".

Los suspicaces hijos, preguntamos insistentemente si sabía a lo que iba y ella respondía que sí, que a sufrir (entendiendo por sufrir a recibir manguerazos y a comer sano).

Hoy hemos intercambiado impresiones y a cada uno nos había dado unas coordenadas: Ledesma, Lerma y Ávila. Total, que puede estar en Liechtenstein. Para colmo de calamidades se ha olvidado el cargador del móvil y el bañador por lo que hemos llegado a la conclusión de que se ha fugado a Las Vegas a gastarse los ahorros y a casarse en secreto con algún capo de la mafia rusa.

Por lo demás, mi vida transcurre en calma chicha esperando el oleaje. Llevamos varios días en los que toda actividad laboral se limita a echar cuentas de a cuánto va a ascender el finiquito. Yo, contando con el robo masivo de bolis, debo dinero, pero espero que no tengan eso en cuenta y que piensen en lo que he decorado durante estos siete años al lado del ficus.

Mi nuevo barrio es curioso. Todas las mañanas camino entre grúas y zanjas y al principio me asustaba al ver al fondo del horizonte a cuatro encapuchados esquivando cardos rusos. Ahora ya me dan los buenos días y por la tarde, desde los andamios, me lanzan piropos y ayer, hasta caramelos.

Y mi sobrina ha dejado de llamarse "x" para llamarse Sara. Después de casi nueve meses de lucha, mi cuñada ha dado un ultimatum al padre y le ha dicho que o es Sara o cierra las piernas de por vida.

Negociación de pareja... es lo que tiene.

domingo, febrero 04, 2007

El caracol.

El fin de semana empezaba con una ligera congestión nasal y con el concierto de Cooper... ¡¡¡Qué digo!!! MAGNÍFICO concierto de Cooper.

La mayor concentración de flequillos y gafas de pasta del milenio (sin lugar a dudas).
Bailé, canté y hasta pude hacer alguna mueca que se aproximó a una sonrisa.

Supongo que el humo y el alcohol me anestesiaron lo suficiente para no ver lo que se me venía encima.

El resto del fin de semana ha sido un desastre. Desde el sábado a mediodía me he pasado todas las horas respirando parcialmente y revolcándome entre desechos y pañuelos de papel saturados de líquidos viscosos que mi cuerpo fabrica. No sé si he tenido fiebre o ha sido influencia de la sobredosis de capítulos de "Urgencias" el caso es que he sufrido horrososas pesadillas en la que me hacían una tiritoscopia o una tiritectomía y me provocaban una incontinencia urinaria que me impedía montar en lo coches de choque ante la amenaza de una electrocución salvaje... ¡¡Ahh, no!! ¡¡Que no fue un sueño!!...


mp3Of Montreal - "A Sentence Of Sorts In Kongsvinger"

 
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