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Mi huella inexistente.

El año pasado por estas fechas estuve aquí. Es el cañón del río Sía. Suele estar desierto sobre todo por el acceso: 45 minutos arrastrando el neopreno, el arnés, las cuerdas, en bikini, con las botas para cañones, los escarpines de calcetines y los pies cocidos.
A pesar de todo, nos pasamos todo el recorrido de lado a lado del camino comiendo fresas silvestres y el decenso del barranco mereció la pena.
Volví a Huesca este invierno en busca de nieve y tuve que ir a Saint Lary.
Este fin de semana he vuelto a la zona buscando mis frutos del bosque.
Contra todo pronóstico ha hecho tanto calor como en Madrid y los ríos tienen el mismo caudal que el Canal de Isabel II en mi grifo. Ya no hay fresas silvestres entre los pinos y los embalses están practicamente secos.
Como sigamos machando el planeta a este ritmo, a mis hijos (si algún día alquilo alguno por horas) tendré que mostrarles la fauna y flora de la península en los campos de golf: "mira niño, eso verde es una brizna de cesped".


Desde que con 14 años HERMANO1 (Cesar de nombre, que ya es hora) me comenzó a sacar al monte, me enseñó que no has de dejar huella de tu paso por el campo y esa es la mejor huella. Esto lo aplico desde entonces y para todo.




Ójala se respeten cosas como ésta: Cantabria abre al mundo 'El Soplao', su mayor joya geológica



Estos tres días de relax y desconexión me han llevado a darme cuenta de lo inquietante que me resulta la desinformación, equiparable a la angustia que me provoca el exceso de noticias que sufro diariamente. ¿¿Feliz ignorancia??

Llego a casa vaso de leche, lavadora y periódico.

 
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